Fuerza Rubén!
Desde este humilde blog le hago llegar mis deseos de pronta mejoría a Rubén, titular de BlogBis.
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El ex-arquero de San Lorenzo, Vélez Sársfield y la selección Paraguaya no es santo de mi devoción. Como hincha de River Plate, lo padecí mucho más de lo que lo pude disfrutar. Pero se ganó mi simpatía por estas declaraciones extraídas de una nota en el diario deportivo Olé.
—No me preocupa lo que digan los de izquierda porque para mí no existen. A Maradona lo respeto, puede hacer lo que quiera. Pero Chávez y Fidel se van a quedar solos. A Lula le diría que devuelva el Mato Grosso. Y si Kirchner quiere un país serio, que primero traiga los fondos de Santa Cruz que tiene en el exterior.
No era de extrañar que si quienes ocupan hoy el gobierno se creen dueños de nuestra vida, también se crean dueños de lo que quede después de ella...
Cualquier crítica al Intendente Néstor me hace sentir bien, pero si viene "del centro para allá" me hace sentir mejor.
Esta mañana, caminando por el centro de Rosario, me topé con varias mesas improvisadas por la gente -si es que se la puede llamar de esa manera- del Partido Comunista local, en las que el blanco principal no era el FMI ni la década del 90 ni el "neoliberalismo" (término inexistente en el plano de la economía pero muy utilizado por la izquierda y el periodismo.)
También recomiendo este artículo de La Nación sobre los dichos de alguien que tres años atrás compartía mesa con el Néstor (fugador de capitales, como le gusta llamar a ellos a los empresarios que se dan cuenta de que en el país su dinero corre serios riesgos) y el ineficiente de Anímal Ibarra.
Recorriendo los rincones de mi viejo disco rígido, encontré éste artículo de Mario Vargas Llosa publicado en El País (España) y más tarde en La Nación el 11-07-02.
Resulta difícil de entender cómo los pueblos latinoamericanos se ensañan en hundirse en el atraso y reeditar viejas malas experiencias.
Hoy -tres años más tarde- sigue teniendo la misma vigencia, con excepción de que Lula, por entonces favorito, hoy presidente, supo torcer el rumbo a tiempo.
A continuación, el artículo original, que no tiene desperdicio.
Queremos ser pobres
Por Mario Vargas Llosa El País
LIMA
Arequipa, la ciudad donde nací, acaba de ganar una ardorosa batalla contra la modernización. Declarándose en huelga, desempedrando las calles, destruyendo locales públicos, enfrentándose a pedradas con la policía en refriegas callejeras que han causado dos muertos y muchos heridos, miles de arequipeños, encabezados por su alcalde, Juan Manuel Guillén, y varios burgomaestres locales (que se declararon en huelga de hambre), consiguieron que el gobierno peruano suspendiera la privatización de dos empresas eléctricas regionales, Egasa y Egesur, que habían sido otorgadas en licitación a una firma belga.
Además, los huelguistas saborearon un añadido a su victoria: que el gobierno del presidente Alejandro Toledo, asustado por la magnitud de la protesta que amenazaba con extenderse a otros departamentos, se humillara públicamente pidiendo excusas al pueblo arequipeño pues uno de sus ministros osó llamar "violentos" a los insurgentes de la Blanca Ciudad. El ministro en cuestión, Fernando Rospigliosi, probablemente el mejor ministro del Interior que ha tenido el Perú en muchas décadas (hizo la más radical reforma de la Policía Nacional que se recuerde, limpiándola de elementos antidemocráticos y corruptos), renunció a su cargo.
Nada de esto debería sorprender a quien siga de cerca la situación en América Latina. En tanto que la democratización se ha estancado, o da marcha atrás en países como Venezuela, en el orden económico hay un renacimiento del populismo como consecuencia del fracaso de ciertas reformas de apertura y privatización -presentadas de manera falaz como "neoliberales"-, de la gravísima crisis que atraviesa la Argentina y de la que parece irse gestando en Brasil, donde Lula da Silva, líder emblemático del populismo continental, encabeza con cerca del 40 por ciento todas las encuestas para las elecciones presidenciales del próximo octubre.
Lo ocurrido en el Perú en las últimas semanas es, por desgracia, un indicio de lo que puede llegar a ser una constante latinoamericana en el futuro inmediato: frustrados en sus expectativas de trabajo y mejores niveles de vida que, azuzados por demagogos y políticos oportunistas ávidos de poder, atribuyen a la "globalización neoliberal", los pueblos latinoamericanos, con la solitaria excepción de Chile, recaen en el viejo modelo nacionalista y estatista del "desarrollo hacia adentro", al que, junto con las dictaduras, deben su marginación y su miseria.
A menudo, una reforma mal hecha es todavía más perjudicial que la falta de reformas. Ese ha sido el caso del Perú, donde la dictadura de Alberto Fujimori privatizó un buen número de empresas públicas durante los años ominosos de 1990-2000. Esas privatizaciones eran, claro está, una caricatura grotesca de lo que es y de lo que persigue la transferencia de empresas del Estado al sector privado, algo que se hace para sanearlas, modernizarlas, obligarlas a competir y prestar mejores servicios a los consumidores. En verdad, se hacían para convertir monopolios públicos en monopolios privados, para favorecer a determinadas personas y grupos económicos vinculados con la camarilla gobernante, y, sobre todo, para que Fujimori, Vladimiro Montesinos y toda su ralea cortesana de militares, empresarios y funcionarios se llenara los bolsillos con comisiones y tráficos de muchos millones de dólares.
Una batalla antihistórica
Naturalmente, semejantes privatizaciones no beneficiaron en nada al pueblo peruano. No es de extrañar que a la sola idea de que las empresas eléctricas regionales fueran privatizadas, millares de arequipeños se lanzaran a las calles, a librar una batalla tan romántica como antihistórica.
Porque la privatización, aunque sirviera a Fujimori y Montesinos de pretexto a asquerosas pillerías, es un paso indispensable para países como el Perú, si quieren salir de la pobreza. El único medio a través del cual pueden modernizar industrias que la administración estatal ha inutilizado, vuelto obsoletas y que gravitan como una pesada carga sobre los contribuyentes, que deben subsidiar su artificial existencia. Si una privatización está bien hecha -transparente, abierta y rigurosamente regulada por la ley-, sus consecuencias son siempre beneficiosas para el conjunto de la sociedad. En el caso de Egasa y Egesur, además, aquella operación tenía la virtud de mostrar al mundo que, pese a la desconfianza de los inversores internacionales hacia América Latina después de las pérdidas experimentadas por muchas empresas a raíz de la crisis argentina, la situación económica en el Perú, aunque todavía de modestos logros pero bien encaminada y de excelente calificación ante la comunidad financiera, era capaz de atraer capitales extranjeros, algo absolutamente imprescindible para aumentar el empleo, ya que la desocupación es el problema primero del país.
Estas razones no fueron bien explicadas por el gobierno al pueblo arequipeño: dadas las circunstancias, era necesaria una labor pedagógica, que limara los prejuicios y explicara las bondades de la medida. Impidiendo que las empresas eléctricas pasaran a manos privadas, los huelguistas de Arequipa creían estar luchando contra la corrupción y por la justicia y los pobres, pero, en verdad, estaban librando una batalla a favor de más atraso y pobreza para un departamento que acaso sea el que en los últimos veinte años ha retrocedido más en el Perú en lo relativo a las oportunidades de trabajo y condiciones de vida. Sus industrias han ido desapareciendo, una tras otra, mudándose a Lima o cerrando, y sus mejores cuadros profesionales, emigrando hacia la capital o el extranjero.
En estas condiciones, que una buena parte de la población arequipeña se movilizara para cerrarle las puertas a una empresa extranjera que pagó por Egasa y Egesur unos 168 millones de dólares, gran parte de los cuales iban a quedar en la propia Arequipa, parece un contrasentido, un caso de obnubilación colectiva. Las consecuencias de lo ocurrido son todavía más graves. Ha aumentado el riesgo país, lo que desalentará aún más la inversión extranjera, y precisamente en momentos en que los gobiernos del Perú y Chile compiten para atraer una inversión de Bolivia cercana a los 2300 millones de dólares en instalaciones que permitan exportar el gas boliviano a través de uno de los dos países. Pero, si la historia peruana no estuviera plagada de casos como éste, el Perú no sería el pobrísimo país que es.
Victorias a lo Pirro
Hay que estar preparados para ver repetirse paradojas autodestructoras de esta índole a lo largo y a lo ancho de América Latina en los días que se avecinan. Las reformas mal hechas y a menudo desnaturalizadas por la cancerosa corrupción, y también, sin duda, la recesión y la crisis económica en Estados Unidos y en Europa, que tanto han golpeado de carambola a América Latina, han tenido como efecto que el clima favorable para la modernización económica que reinó en el Nuevo Continente hace algunos años se haya entibiado en algunos países, y desaparecido en otros.
A la vez, la vieja tentación del populismo, con su demagogia patriotera y su exacerbación histérica contra la economía de mercado, las empresas privadas, las inversiones y, sobre todo, el satanizado "neoliberalismo", va recuperando un derecho de ciudad en los países en los que se lo creía desaparecido después de haberlos arruinado. Ahora está allí, una vez más, vivito y coleando. Se adueñó de Venezuela con el comandante Hugo Chávez y, por lo visto, podría ganar las elecciones en Bolivia. En la Argentina, dada la apocalíptica situación que allí se vive, no hay duda de que sus valedores encontrarán un oído receptivo en las masas empobrecidas y brutalmente despojadas de sus ahorros y de sus empleos, y es posible que en octubre llegue al poder en Brasil con los votos de una mayoría significativa.
¿Qué es lo que falló? Probablemente, la causa primera del fracaso de esa tímida modernización emprendida en América Latina haya sido la corrupción, que, como ocurrió en el Perú en la década del 90, vació de contenido los intentos modernizadores, al utilizarlos como una mera cortina de humo para tráficos delictivos y saqueo de los recursos públicos. La razón por la que la corrupción ha campeado y destruido muchas de las reformas emprendidas es la falta de instituciones sólidas, capaces de oponer un freno eficaz a los tráficos y operaciones ilegales pactados entre el poder político y empresarios mafiosos para enriquecerse a la sombra de las reformas.
Lo cual demuestra una vez más lo que todos los grandes pensadores liberales han defendido siempre: que no existe una economía de mercado digna de ese nombre sin una Justicia pulcra y eficiente que defienda los derechos de los ciudadanos, y una información libre que permita una vigilancia permanente de las reformas en todas sus instancias. En otras palabras, que la libertad económica sólo puede ser una herramienta del desarrollo en un régimen de democracia efectiva y funcional. Hacer que muchos latinoamericanos hoy día desesperados por el crecimiento de la pobreza lleguen a aceptar estas ideas será ahora más difícil que antes.
¿Sabía lo que hacía Juan Manuel Guillén, un alcalde al que tantos peruanos demócratas respetábamos por su gallarda actitud contra la dictadura, encabezando esta movilización popular a favor del atraso y la pobreza? Ella le ha hecho ganar popularidad, sin duda, pero el daño infligido a Arequipa y al Perú es incalculable. Las victorias a lo Pirro sólo son derrotas demoradas.
Después de reponerme de las arcadas que me produjo leer esta nota publicada en el Boletín Oficial de la RepúbliKa Argentina, invito a compartir el asco con quien se le anime.
"En otro gesto de distensión, condecoran a Bielsa en Brasil"
"El canciller fue galardonado por su par Celso Amorim con la misma insignia que, entre otros argentinos, recibió el Che Guevara. Ambos gobiernos intentan aquietar las aguas de su relación."
Un Reliveran, por favor!
Como ya es sabido por todos, mientras el Néstor y Chávez lo ensalzan -¿e intentan imitar?-, el mundo repudia al régimen de Castro, incluso desde los países con gobiernos "progre" como el de Alemania.
Vayan mis saludos para uno de mis padrinos del blog!
Felicitaciones por este primer año!
En este artículo publicado hoy en La Nación, Anímal Fernández califica de "demencial" el corte de calle y la toma del edificio por parte de los alumnos del Normal 9 de Buenos Aires, mientras que Chiste Duhalde reclama "penalización".
¿Cuál es el parámetro que determina que tomar una fábrica, una municipalidad o las bolterías del subte son actos razonables y la toma de un colegio es "demencial"?
¿Por qué razón se debería penalizar a los estudiantes y no a los piqueteros o usurpadores de fábricas?
Seguramente, la clave está en que el reclamo de los estudiantes es legítimo. El de los piqueteros, no. Los medios son en ambos casos detestables.
Al fin y al cabo, es una vuelta más de página a la arbitrariedad de este gobierno a la hora de reconocer derechos y obligaciones.
En el Boletín Oficial de la Intendencia (anteriormente conocida como Presidencia) de la Nación salió una publicación titulada "Para el Gobierno, llegó la hora de endurecer la relación con Brasil".
De haberlo leído en InfoBAE o La Nación, podría haber sospechado cierta animosidad por parte del diario, pero viniendo de Klarín, si de algo estoy seguro es de que no tuvieron la intención de ridiculizar al gobierno; éste lo hizo por sí mismo.
Si el Néstor no sabe como encauzar a la Argentina en la senda del éxito -o sabe pero no lo quiere hacer-, no puede pretender que el resto del mundo se abstenga de progresar y se siente a esperarnos. O peor, que nos siga.
Cada uno es libre de elegir el lugar al que aspira. Lula lo hizo dentro de los organismos internacionales. El Néstor, en la foto con Castro y Chávez.
¿Sumaremos a Brasil a la lista negra de "culpables" de nuestro subdesarrollo tal vez?
En una nota publicada el día de la fecha en el Boletín Oficial (Klarín), el Sr. Canciller declaró que a Mauricio Macri "le atrasa el reloj 10 años".
Al Gobierno Nacional, en cambio, le atrasa 30.